tus lunares te dan ese aspecto infinita
desde la luna puedo verlos aún
y desde allá, también, la palabra horizonte
vuelve a ser bonita
porque se parece a tu cadera.
no sé cuantos compré ya
no sé si estoy en un salar enorme ni si llegué
a comprarlos a todos.
pero voy caminando entre ellos
como un magnate de los negocios
inmobiliarios:
mirándome en el reflejo de las vidrieras,
sonriéndole a la gente en la peatonal,
chupándome un huevo todo lo que ande pasando
allá abajo.
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