todo los días me siento culpable; escuché las cacerolas cantar a las vidrieras de los bancos hace un tiempo atrás, vi por la tele todas las manifestaciones, vi elecciones y reelecciones, vi a la gente salir a la calle muchísimas veces, pero nunca pude ver las manitos secas; todos los días me siento culpable, porque el hambre hace ruido, los agujeritos los padres cavando hacen ruido, pero siempre me comporté como un sordo y como un sordo escuché las cacerolas reclamando plata a los bancos hace un tiempo atrás; todos los días me siento culpable, sólo puedo juntar palabras y mandarlas a reclamar, pero ni un pibe menos ni uno si quiera, sólo los veo, como un ciego, sumándose a la cuenta de la clase cómoda, de la clase boba, de mi desayuno en el Mac Donals.
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