el árbol sobre el muelle
dibuja su extensión
y anuda la siesta a un perro negro
que hamaca dulcemente
el movimiento de las canoas.
ni ganas de suspirar
le quedan
entre el silencio cómplice
de los pájaros y las sogas
que se estiran y se contraen
como la espalda del Flaco mientras
repasa con un pincel
repasa con un pincel
el pasamanos de madera.
la visera del gorrito apuntando a la isla
y la piel del río
sobre los hombros
un pasacalle que ondea con su espíritu
“no contamine, no siembre soja”
junto a “respete el Paraná”
y su sonrisa
cómplice de los remansos
porque casi nunca
casi nunca
cruza con salvavidas.
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