me inclino sobre la carne
ennegrecida
para estrecharla junto al gusano
como el poeta carroñero que soy.
desde lejos espero que la palabra vaca
muera por muerte natural y gruñendo
acercarme para ahuyentar a los niños
enbuitrecidos de la composición
“la vaca”
y con el pico vaciarla de sentido
para dejar el cuero pegado a los huesos
sobre una loma amarilla
y desértica.
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