la mala
onda –ese hechizo poderoso
que
aprenden las sombras en el laberinto-
se deposita
delgada a tus pies disfrazada de magia flaca
humilde y
convaleciente.
la pollería así te la ofrece cuando
ya le compraste
suficientes
milanesas y alitas de pollo.
así sisean las vecinas con ojos perdidos
mientras
sacan bolsas de nylon de una caverna al atardecer.
un infierno de acuarela para un
barrio tan ideal
que
descansaría en sus rincones como niño
que elige
dormirse por ultima vez
antes de
que el frío le anestesie los pies.
No hay comentarios:
Publicar un comentario